Descansa en paz, Jack the Hutt

Como ya sabe la concurrencia, ha muerto Jack Tramiel. Todo un tiburón de los negocios, de personalidad tempestuosa, fue uno de los rostros de la era de los 8 bits. Héroe y villano por igual: superviviente de los campos de exterminio nazi, fue promotor de uno de los ordenadores más populares de la historia, pero también llevó con más sombras que luces la siempre zozobrante nave de Commodore. Su muerte no solo ha sido cubierta por los medios especializados, sino por los de información general.

Hay una conocida, pero deliciosa anécdota que resume el carácter de Tramiel, y cómo era visto en la industria de la informática en plena era del crack: después de dejar Commodore, aterrizó en la no menos maltrecha Atari. La leyenda dice que el día que Tramiel puso el pie en las oficina de Atari, un empleado de la compañía gritó por megafonía interna “¡las tropas imperiales han entrado en la base! ¡Las tropas imperiales han entrado en la base!”, emulando el principio de El Imperio contraataca.

Que descanse en paz ese personaje polémico, inclasificable y carismático como pocos. Admirado por los usuarios de las máquinas que vendió, odiado por algunos de los ingenieros que trabajaron a destajo para él, Jack the Hutt, como era conocido en el mundillo, nos ha dejado.

 

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Una respuesta to “Descansa en paz, Jack the Hutt”

  1. Toni Galvez Says:

    Descanse en paz Jack Tramiel.

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