Los Viajes de Fite: PlayFest (I): sobre los ídolos

Durante la mañanera sesión de firma de discos de PlayFest, un conocido, perro viejo en esas lides, me comentaba en tono burlón: “tú a estas cosas no vienes mucho, ¿no?”. Pues no, la verdad es que no. A las firmas, digo. Iba preparado, desde luego (aunque me hubiera llevado media estantería de casa), pero esta anécdota viene al pelo para una de las muchas reflexiones post PlayFest, el evento sobre bandas sonoras de cine, animación y videojuegos.

¿Cómo se comporta uno cuando conoce a alguno de sus ídolos?

Para empezar, una puntualización, discutible como todas, pero ahí queda. En el tema de las bandas sonoras, como en cualquier otra rama del frikismo, hay nombres. Muchos nombres. Y de entre esos nombres, el friki como un servidor tiende a discernir entre: personas que respeta, persona que admira y personas que idolatra.  Es lógico; hay compositores, diseñadores, cineastas, actores o escritores que solemos meter en alguno de esos tres cajoncitos.

Úbeda rocks

Si le activas el filtro de niebla, talmente el próximo Silent Hill.

Y, evidentemente, si se da la feliz circunstancia de conocer a alguno de ellos, no se entra de la misma forma a alguien que respetas, que a alguien que idolatras como una chillona quinceañera.  Lo que puede ocurrir, y esto es lo bueno, es que, al conocer y tener de cerca a alguno de los citados, pasa de ser simplemente respetado a algo más. Esta última conclusión viene porque me ocurrió en PlayFest.

¿Cómo?

En las conferencias, por ejemplo. La lista de invitados de esta edición ha sido sencillamente fabulosa. Traer, entre otros, a gente como Austin Wintory, Richard Jacques, Dynamic Music Partners y, cómo no, al mismísimo Akira Yamaoka, no es moco de pavo. Al menos, para el friki que suscribe. Los que me siguen en Twitter sabrán la brasa que doy con Journey, o diciendo lo bien que sienta volver del trabajo con algun tema de Silent Hill cantado por la maravillosa Mary Elizabeth McGlynn. Vamos, que fui a Úbeda con muchas, pero que muchas ganas. Sobre todo, por toparme con algunas de esas personas que idolatro. Lo bueno es que me topé con otras que simplemente respetaba, y que he pasado a adorar.

Conferencia de Richard Jacques

Richard Jacques, mostrando la grabación de una de sus bandas sonoras. Por los instrumentos se aprecia que la de Jet Set Radio no era, no.

Evidentemente, facilitó las cosas el cariz mismo del evento. Salvo el concierto, PlayFest fue algo así como pequeño, íntimo, cordial, informal y, por tanto, cercano. Imagino que se dieron varias circunstancias, algunas casuales y otras no tanto. Desde luego, facilita mucho las cosas que hubiera poca gente. Aunque, desde luego, si se pone uno un instante en el pellejo de los organizadores, siempre es mejor que las salas estén hasta los topes. Pero sorprendía la poca gente que poblaba la sala del vetusto pero encantador Teatro Ideal Cinema de Úbeda, al menos en las conferencias a las que asistí. Y si se pone uno en el pellejo de los invitados, seguramente tendrían un trato distinto hacia el público en una sala con poca gente que si se encuentran en un panel de la ComicCon con varios cientos de frikis como el que suscribe. O sea, que a los ponentes se les veía relajados, lo que creó en general un ambiente más distendido. Lo dicho, informal y cercano.

Austin Wintory

Austin Wintory firmando una lámina de Journey impresa para la ocasión. Lo que hay en la mesa es agua, diabillos.

El caso es que ese clima de las conferencias fue la tónica el resto del tiempo. Mientras paseaba por el centro de Úbeda buscando un sitio donde cenar, veías a Akira Yamaoka tomando mojitos en una terraza con algunos de los asistentes a su conferencia. Lo cual nos vuelve a llevar a la pregunta del día.

¿Cómo se comporta uno cuando conoce a alguno de sus ídolos?

Pues todo depende, primero, de la cara que tenga uno. O de que los nervios te quiten cualquier atisbo de timidez, o te la acentúen. O, sencillamente, descubres una gran verdad sobre tus ídolos.

Son personas.

Sí, de verdad. Parafraseando a Los Secretos, algo así como  “me vuelvo ordinario al bajarme del escenario”, entendiéndolo en el buen sentido. Y claro, si a esto unimos un clima propicio, el encuentro puede salir bastante bien. Y por “bastante bien”, quiero decir algo más que hacerse una foto entre sonrisas nerviosas en plan “jiji lo conseguí, pordiospordios no pestañees como siempre te pasa jiji“. Hay conversaciones, con o sin señas para hacerse entender, y hasta Cocacolas de por medio. Eso sí, recordemos una vez más la máxima “son personas”, por aquello de dejarles respirar. Que claro, como se da la circunstancia de que hay poca gente, pues vamos a exprimir al famoso hasta el último momento, como si quisiéramos que la única cara que recordase a su vuelta a casa fuera la nuestra. Pues no, hombre, se busca un término medio.

¿Por qué lo del término medio? Porque muchos de los que estuvimos en PlayFest tuvimos la suerte de pasar más de una tarde o noche por allí. O sea, que nos vimos las caras unas cuantas veces, invitados y frikis. Y es en esas conversaciones, en las que tratas de mostrar a los compositores lo que disfrutas con su trabajo, lo que te inspira de ellos o, simplemente, preguntarles alguna duda más o menos trascendental. Es decir, que gracias al clima distendido de PlayFest, si al final de una conferencia no habías podido decirle algo, no pasaba nada. Seguramente encontrarías otra ocasión para darle la tabarra. Igual te los encontrabas en otra conferencia, o tomando algo en Úbeda.

Una vez más, insisto en lo de “son personas”, porque se confirma cuando hablas con ellos. Los compositores que se pasaron por PlayFest son gente ansiosa por compartir sus experiencias, más allá de unos datos por aquí y por allá para llenar un Powerpoint. Les encanta hablar de la música, de la suya y de la de otros, de lo que les costó terminar una banda sonora, o sencillamente, con qué se les saltaron las lágrimas ese mismísimo fin de semana (Lolita Ritmanis, contando su reacción al conocer allí a la nieta de la desaparecida compositora Shirley Walker). Son personas como Freddie Wiedmann, autor de la BSO de la nueva serie de Green Lantern, que corría detrás de su hija pequeña para que no se le despeñara por, sí, lo diré, los cerros de Úbeda. Y son personas que piden un café tras otro el domingo por la mañana durante la firma de discos en el hall del hotel, porque la noche después del concierto ha sido larga.

El botín de la sesión de firmas de PlayFest

Ver las caras de los compositores cuando les sacas las carátulas de los VHS, no tiene precio.

Decía arriba que, salvo la de Yamaoka, sorprendía la cantidad de asientos vacíos durante las conferencias del fin de semana. Las charlas fueron lo bastante interesantes, y los que las daban lo suficientemente prestigiosos, como para haber tenido más público. Visto el impresionante trabajo de la organización para traer lo que han traído esta primera edición, estoy deseando ver la lista del año que viene.

Muy pronto continuará el serial sobre PlayFest, y ya con cosas interesantes y no meros devaneos. El primer plato, Austin Wintory y Richard Jacques. Yum.

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Una respuesta to “Los Viajes de Fite: PlayFest (I): sobre los ídolos”

  1. remewyn Says:

    Muy especial, sí, pero sobre todo por lo que dices, ya que ser especial no es ser una falsa divinidad de la música creada por un programa o por una emisora de radio. Fue increíble conocerles, hablar con ellos y ver que eran de carne y hueso y también les gustaban los cubatas como a cualquier hijo de vecino! Ah! Y lo de Austin Wintory, menos mal que Yum! lo has dicho tú! jeje! Enhorabuena por tu post, esperaremos la segunda parte, y la tercera, y la cuarta…

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